El Sueño de la Conformidad




Hace unos días, las redes sociales se vieron sacudidas por un caos tras una publicación de Hugo de En Clave de Can. Como es habitual en él, Hugo se tomó el tiempo necesario para hablar sobre un caso muy complejo que estaba trabajando: Mango, un perro con serios problemas de agresión que estaba afectando gravemente a una familia que realmente buscaba una manera de ayudarlo. Sin embargo, este video se centraba en explicar los motivos por los cuales Hugo decidió no retirar de inmediato el collar de impulsos que Mango ya traía puesto antes de comenzar a trabajar con él. Repito, para quienes no leen con atención, este perro ya llevaba el collar cuando llegó al profesional. Mango es uno de esos casos sumamente complejos que, aunque casi nunca llegan, cuando lo hacen se convierten en un desafío casi imposible de abordar.

Este perro había sido condenado a la eutanasia debido a sus problemas de comportamiento y llegó a Hugo en un estado extremo, con el collar puesto por la familia. Esto se debía a varios factores que Hugo ya había expuesto en publicaciones anteriores, donde la familia no tenía los recursos suficientes para ayudar al perro (en una ocasión, incluso se intentaron recaudar fondos para ello). Mientras tanto, no podían ignorar los episodios de agresión ya vividos, los cuales podían ser esporádicos (y, según la familia, impredecibles). Imaginen lo que es vivir con la constante incertidumbre de que, en cualquier momento, el perro podría lanzarse a morder a alguien, incluso al momento de servirse el desayuno, como le sucedió al padre de la familia, pudiendo causar desgarres y graves lesiones. La familia vivía como prisionera en su propio hogar. Aunque este collar, tan debatido, es una herramienta muy criticada (con la cual personalmente no estoy de acuerdo), para esta familia era la única forma de protegerse, ya que Mango mordía hasta destrozar. Es decir, cualquier decisión aquí podía sobrepasar la filosofía de cualquier persona y debía ser evaluada. Al margen de esto, todos esos detalles los sabrán Hugo y su equipo.

Lo que realmente me parece alarmante, sin embargo, es el revuelo que causó hablar abiertamente de este tema. Hasta ahora, nadie se había sentado a explicar, sin tabúes, las razones detrás de cada decisión tomada al trabajar con esta herramienta tan controvertida, mientras que sobran los que la usan sin ningún problema. Y lo más interesante es que, por primera vez, un profesional se toma el tiempo de reflexionar sobre lo difíciles que son las decisiones en situaciones tan complejas como esta. En lugar de escuchar cada detalle, la respuesta fue una auténtica "cacería de brujas". Profesionales, amantes de los animales, e incluso tutores se unieron para lanzar ataques morales que, a mi parecer, llegaron a un punto donde la ética y el respeto se desvanecieron por completo.

Y aquí me pregunto: ¿hasta qué punto estamos alimentando una sociedad que promueve la conformidad por encima de la reflexión crítica? ¿Acaso la popularización de la "educación canina respetuosa" no es más que una mascarada para encajar en un molde que no nos permite cuestionar ni ser originales? Como dice la banda Descendents en su irónica canción Suburban Home — "I want to be a clone" — parece que muchos solo quieren ser parte de una estadística, de una imagen estereotipada creada por las expectativas ajenas. Este fenómeno no es solo un simple acto de conformismo, sino un reflejo de cómo hemos perdido nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, mientras nos empeñamos en vivir bajo una fachada de "correctitud" social.

Es irónico cómo la desesperación por pertenecer y permanecer en un modelo idealizado nos convierte en esclavos de una realidad ajena. La sociedad, dispuesta a sacrificar su identidad y felicidad personal solo para encajar en una definición preestablecida de lo que "debe ser", perpetúa un ciclo vicioso de conformidad. Cada comentario lanzado al video de Hugo no hace más que subrayar esta tendencia, que no solo refleja el miedo a lo impredecible, sino la completa falta de originalidad en un mundo que, paradójicamente, se cree más libre que nunca.

Al final, lo que estos ataques demuestran es algo mucho más profundo: el rechazo a la autenticidad, a la verdadera reflexión sobre lo que significa vivir de acuerdo con los propios principios. Es un recordatorio de que, tal vez, nunca hemos sido tan "libres" como creemos. Vivimos bajo la ilusión de un modelo predecible y seguro, pero ¿a costa de nuestra identidad? ¿De nuestra capacidad de cuestionar lo que realmente importa?

Este texto no es solo una crítica a la conformidad que hemos aceptado como normal, sino también una llamada a la reflexión. Al final, no se trata de imponer una forma de vivir, ni de vivir bajo la presión de las expectativas ajenas. Se trata de cuestionar lo que realmente significa ser fiel a uno mismo, a nuestra ética y a la relación que establecemos con los demás, humanos y no humanos. Porque, al final, el perro y la familia no son dos entes separados, sino un todo. Quizás, solo quizás, deberíamos comenzar a ser más conscientes de lo que realmente importa: el respeto mutuo, la individualidad y la capacidad de aprender a vivir juntos de manera auténtica.

PD: Si vas a criticarme por hablar de este tema o por usarlo para generar contenido, por favor, no lo hagas. Porque estarías haciendo exactamente eso que cuestionas.


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