El Lenguaje Silencioso de los Perros: Comprensión y Respeto en la Interacción
Hace unos días, durante una sesión de análisis de dinámicas sociales en EL CLUB DE LA INTERPRETACIÓN, vimos este video que, en un principio, a la persona que lo expuso le parecía carecer de contenido relevante. Sin embargo, al analizarlo con detenimiento, resultó ser una verdadera joya. Hoy quiero compartir un breve análisis del mismo, junto con una reflexión al respecto.
El video comienza con un perro caminando. Su nombre es Pepino. En un momento, gira la cabeza para mirar hacia atrás y se detiene. Pero no lo hace de cualquier manera: se mantiene lateralizado, exponiendo su lado izquierdo.
Este detalle no es casual. Surge entonces una pregunta clave: ¿por qué adopta esta posición en lugar de encarar directamente aquello que está observando, que luego descubrimos que es otro perro?
Pensemos en una escena clásica del cine: dos autos avanzando a toda velocidad en direcciones opuestas, listos para colisionar. La imagen genera tensión, una sensación de inminente conflicto. Con los perros ocurre algo similar. Un acercamiento frontal no solo es incómodo, sino que puede percibirse como un desafío. Si observamos atentamente el comportamiento de los perros en libertad o en la calle, notaremos que rara vez se aproximan directamente de frente. En su lugar, adoptan estrategias que modulan la intensidad del encuentro: desvían su trayectoria, olfatean un costado, cruzan la calle o bajan del cordón de la vereda. Y si no hay otra opción, al menos ofrecen un costado en lugar de encarar de lleno.
Este punto es crucial porque, muchas veces, nuestros perros nos piden exactamente lo mismo: ajustar la trayectoria para sentirse más cómodos durante el paseo. Sin embargo, en lugar de atender sus necesidades, los obligamos a seguir una línea recta, exponiéndolos a interacciones forzadas con cada individuo que se cruza en su camino. Sin darnos cuenta, terminamos enseñándoles que la única manera de aproximarse es de frente, lo que con el tiempo puede generar conflictos en su manera de relacionarse. Comprender esta dinámica nos permite mejorar la calidad de los paseos y fortalecer nuestra relación con ellos.
Volviendo al video, observemos el comportamiento del otro perro que se acerca a Pepino. Antes de cruzarse con él, realiza un ajuste sutil en su trayectoria: se desvía levemente hacia su derecha, exponiendo su lado izquierdo.
Surge aquí una nueva pregunta: ¿por qué ambos perros eligen mostrar el mismo lado de su cuerpo antes de acercarse?
La respuesta no es fruto del azar ni de un simple hábito. Es una cuestión neurofisiológica profundamente arraigada en su comunicación. Al igual que los humanos, los perros tienen un cerebro dividido en dos hemisferios, derecho e izquierdo, cada uno con funciones específicas en la gestión de las emociones. El hemisferio derecho está asociado a estados emocionales negativos como el miedo, la incomodidad o la percepción de amenaza, mientras que el hemisferio izquierdo está relacionado con experiencias más neutrales o positivas. Lo interesante es que esta organización se refleja operativamente en el cuerpo de manera cruzada: lo que ocurre en un hemisferio se expresa en el lado opuesto.
Esto significa que cuando un perro expone su lado izquierdo, no está mostrando una actitud desafiante, sino todo lo contrario. Es un gesto, una solicitud al otro (humano, perro u otro ser vivo) para iniciar un diálogo de manera respetuosa, una estrategia para reducir la intensidad del encuentro. Nada en los perros es casualidad, es comunicación en su forma más pura. Este conocimiento no solo nos permite comprender mejor a los perros, sino que también nos ayuda a manejar adecuadamente sus interacciones, evitando conflictos innecesarios y fomentando encuentros más armoniosos.
Como tutores, entender estos matices nos permite interpretar mejor el lenguaje de nuestros perros y, sobre todo, respetar su forma natural de relacionarse con el mundo. Es un recordatorio de que la verdadera conexión con ellos no pasa por imponer nuestra perspectiva, sino por aprender a leer y responder a sus señales con sensibilidad y respeto. Más allá de la obediencia, lo fundamental es construir una relación basada en la confianza y la empatía. Si logramos comprender el modo en que ellos perciben y se comunican con su entorno, podremos ofrecerles una vida más equilibrada y libre de tensiones innecesarias. Al final, se trata de aprender a convivir desde el entendimiento y el respeto mutuo, dejando de lado nuestras imposiciones humanas y permitiendo que sean quienes realmente son.





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