Cómo come es información.


La interacción con los perros va más allá de la simple convivencia. Cada elección que hacen, cada gesto que realizan, nos ofrece una ventana a su mundo interno. Recientemente, durante un ejercicio con Luismi, un alumno perruno, se dio la oportunidad de observar algo interesante. Presenté al perro distintas opciones de alimento deshidratado (snacks): primero, hígado, el cual aceptó sin mucha dificultad; posteriormente, mondongo, que también tomó. Demoró un poco más en comenzar a masticarlo, pero lo terminó consumiendo. Por último, le ofrecí oreja de cerdo, la cual aceptó pero no masticó. La pregunta es: ¿por qué?

Podemos especular sobre una serie de razones: el olor, la textura, la facilidad de masticación, una posible intolerancia alimenticia, su estado emocional en ese momento, entre otros factores. Sin embargo, la verdadera clave está en el proceso de decisión y en lo que este nos dice sobre la relación entre la masticación y la gestión emocional del perro.

El acto de masticar no es meramente fisiológico; implica una serie de procesos psicológicos y emocionales. La masticación no solo canaliza energía o alivia el estrés, sino que también representa una herramienta de comunicación con el entorno. Cuando un perro elige o rechaza un alimento, no solo responde a una necesidad nutricional, sino que está expresando su estado anímico, su nivel de confianza y su nivel de comodidad con el espacio y las personas que lo rodean.

Aquí es donde el lenguaje corporal se vuelve fundamental. Observar cómo se posiciona un perro mientras come, cómo mueve su cola, la estabilidad de su mirada y su postura general nos brinda información sobre su nivel de relajación o alerta. Comer no es solo ingerir; es interactuar con el entorno, es mostrarnos cómo se siente.

La tendencia a imponer a los perros lo que creemos que deben comer o cómo deben hacerlo ignora una verdad crucial: su proceso de decisión está directamente relacionado con su bienestar emocional. En lugar de imponer, debemos aprender a interpretar. Si un perro rechaza un alimento, la pregunta no debe ser por qué no lo come, sino qué estímulos está procesando, qué le incomoda o qué necesita para sentirse seguro.

Comprender a los perros implica reconocer que cada acción que realizan es una forma de comunicación. Nuestra labor no es forzar respuestas, sino generar un ambiente en el que puedan desarrollarse sin bloqueos ni imposiciones. La masticación, lejos de ser un acto trivial, es un reflejo de su estado interno. Es en estos pequeños detalles donde se encuentra la clave para transformar la relación con ellos: de la confrontación a la cooperación.



Luismi durante la sesion de trabajo masticando el mondongo y la oreja a un costado.


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