No soy quién para hacer eso.
Cada tanto que voy a dar un paseo con mi perro, uso mi mente para preguntarme: ¿Y quién diablos soy para decirle a mi perro qué hacer? Varias veces ni siquiera puedo entender sus propias necesidades y mucho menos lo que me dice.
Entonces, me pregunto al ver esos perros todo el día detrás de la reja al frente de una casa si la familia que convive con él ha tenido la gran idea o intención de darle una mejor calidad de vida.
Sé que con este texto no voy a construir un mundo mejor, exento de ideas que monopolizan la mente, ideas erróneas, estúpidas que únicamente hacen ver la clase de sociedad en la cual nos hemos convertido. Un imperio donde el tiempo, la hipoteca y el auto son lo más importante, a pesar de vivir verdaderamente en un mundo hediondo, donde las moscas decoran las paredes y el pelo de esos perros, como si solo esperan que muera ahí, en ese pequeño espacio que muchas veces está lleno de mierda. ¿Es así como nos gusta vivir?
¡Y sé que todos estamos viendo esto día a día! Todo lo que veo, me pueden decir que parece una amenaza, pero ¿qué ejemplo estamos dando a los niños, los padres a sus hijos, ¿en qué sociedad nos hemos convertido?
Pero si yo no tengo que vivir como me lo impone esta sociedad, prefiero ser incapaz de relacionarme, parecer un monstruo. Pero por favor, antes de criticar, miremos a nosotros mismos, que no hacemos nada por cambiar.
Voy a tratar de dar ese paseo que iba a comenzar, miraré hacia otro lado, no me voy a poner a darle órdenes a mi perro, no soy quién para hacer eso.
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